miércoles, 21 de mayo de 2014

¿QUÉ PASÓ EL DÍA QUE NACÍ?

Introducción

¿Qué significa tu nombre? ¿Con qué gente famosa compartes tu cumpleaños? ¿Qué acontecimientos ocurrieron en el día que naciste? ¿Cuál era la canción de moda? ¿Cuál era el libro más leído?  Encuentras las respuestas a éstas y a otras preguntas interesantes realizando esta actividad.

Tarea y proceso

1) Encuentra el significado de tu nombre y su origen. Señala las principales características de las personas que se llaman como tú.
2) Encuentra cinco acontecimientos ocurridos en la fecha de tu nacimiento (efemérides). Elige uno de ellos, descríbelo en un resumen de cinco líneas.
3) Encuentra cinco personajes (políticos, actores, deportistas,…) con los que compartas tu cumpleaños. Elige uno y describe los hechos más importantes de su biografía.
4) Describe el acontecimiento más importante que ocurrió en España el año que tu naciste.
5) Encuentra los títulos de las mejores películas del año que naciste. Recuerda que debes buscar en los premios "oscar" del año siguiente. Busca sus carátulas.
6) Localiza el grupo y la canción que era Número 1 en los 40 Principales el día que naciste. Busca la carátula del disco y la letra de la canción (si es en inglés también).
7) Trata de descubrir con Google qué libro fue el más vendido ese año.


Recursos
Toda la información puedes obtenerla de los siguientes sitios de Internet:

lunes, 5 de marzo de 2012

La nieve florece

     Cuenta la leyenda que habitó en la Alhambra una princesa que había nacido muy lejos de Granada, en León, donde nieva mucho. Era feliz, pero añoraba su tierra. ¡Hacía tanto tiempo que no veía la nieve! A veces lloraba, recordando los campos nevados de León. Su esposo, el sultán, sentía pena por ella y se preguntaba: «¿Habrá alguna forma de acabar con la tristeza de la princesa?».

     Después de mucho meditar, encontró una solución: mandó traer unas semillas de un país lejano, las plantó y crecieron árboles que nadie había visto antes. Pasado un tiempo, los árboles empezaron a florecer, con unos hermosos capullos.
                                                  Desde las ventanas de la Alhambra, la princesa vio como los capullos se iban abriendo poco a poco. Los árboles se cubrieron de preciosas flores blancas. Todo quedó completamente blanco, como si hubiera nevado. Desde entonces, la princesa se hacía la ilusión de que nevaba en Granada. ¡Los árboles eran almendros!

DULCE CHACÓN

martes, 10 de enero de 2012

NUMERALES E INDEFINIDOS

Si pinchas en la imagen podrás repasar los contenidos de la unidad 4 del libro de 4º de primaria. Hay ejercicios con numerales, indefinidos, sufijos, palabras esdrújulas y noticias.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

LOS DEMOSTRATIVOS

Si pinchas en la imagen podrás repasar los contenidos de la unidad 3 del libro de 4º de primaria. Hay ejercicios con demostrativos, prefijos, palabras llanas y antónimos.

martes, 1 de noviembre de 2011

LOS POSESIVOS

Si pinchas en la imagen podrás repasar los contenidos de la unidad 2 del libro de 4º de primaria. Hay ejercicios con posesivos, refranes, palabras agudas y cuentos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

miércoles, 15 de diciembre de 2010

DOS CUENTOS DE TOLSTOI

 Por varios motivos no podemos dejar que termine el año 2010 sin recordar que en el mes de noviembre de este año se cumplió el centenario de la muerte del gran escritor ruso León Tolstoi. En primer lugar, porque su figura como escritor se agiganta de día en día: Tolstoi es uno de los cinco o seis grandes genios de la literatura. En segundo lugar porque Tolstoi fue un ser humano con letras mayúsculas, con sus defectos y con sus virtudes, lleno de contradicciones pero siempre animado y dispuesto a mejorar como persona y siempre dispuesto a mejorar la vida de los demás. Y en tercer lugar, porque los maestros tenemos en él un espejo en el que mirarnos.
Tolstoi, en la inauguración de la biblioteca de Yásnaia Poliana
Decidido a mejorar las condiciones de vida de los campesinos que tenía como siervos en su finca de Iásnaia Poliana, organizó una escuela que alfabetizó tanto a niños como a adultos. Su pedagogía antiautoritaria era heredera de las innovadoras ideas pedagógicas de Froebel y de su concepto de resolución de los conflictos por métodos no violentos. Froebel a quien visitó, le enseñó a rechazar el autoritarismo, a buscar la colaboración de la familia y a integrar la enseñanza en los juegos y en la naturaleza. El ideal de escuela de Tolstoi era una escuela de alegría y libertad, contrario a toda idea de encierro y de castigo e integrado en la vida del campo. Y para enseñar a leer y a escribir escribió decenas de cuentos que siempre tenían un propósito educativo.
Como ejemplo, estos dos magníficos cuentos, que resaltan algunas de las ideas fundamentales del viejo León.

En la ribera del Oka

En la ribera del Oka vi vían numerosos campesinos; la tierra no era fértil, pero, labrada con tesón, producía lo necesario para vivir con holgura y aun para guardar algo de reserva.

Iván, uno de los labradores, estuvo una vez en la feria de Tula y compró una hermosísima pareja de perros sabuesos para que cuidaran su casa. Los animalitos, al poco tiempo, se hicieron conocidos en todos los campos de la vega del Oka por sus continuas correrías en las que ocasionaban destrozos en los sembrados, y las ovejas y los terneros no solían quedar bien parados. Nicolás, vecino de Iván, en la primera feria de Tula compró otra pareja de perros para que le defendieran su casa, sus campos y sus tierras.

Pero, a la vez que cada campesino -para estar mejor defendido - aumentaba el número de perros, éstos se hacían más exigentes. Ya no se contentaban con los huesos y demás sobras de la casa, sino que había que reservarles los mejores trozos de las matanzas y hubo que construirles recintos cubiertos y dedicar más tiempo a su cuidado.

Al principio, los nuevos guardianes riñeron con los antiguos, pero pronto se hicieron amigos y los cuatro hicieron juntos las correrías. Los otros vecinos, cuando vieron aumentar el peligro, se proporcionaron también sabuesos y así, al cabo de pocos años, cada labrador era dueño de una jauría de 10 o 15 perros. Apenas oscurecía, al más leve ruido, los sabuesos corrían furiosos y con estrépito tal que parecía que un ejército de bandidos fuera a asaltar la casa. Los amos, asustados, atrancaban bien sus puertas y decían:

- "Dios mío, qué sería de nosotros sin esos valientes sabuesos que abnegadamente defienden nuestras casas".

Entre tanto, la miseria se había asentado en la aldea; los niños, cubiertos de harapos, palidecían de frío y de hambre, y los hombres, por más que trabajaban de la mañana a la noche, no conseguían arrancar del suelo el sustento necesario para su familia. Un día se quejaban de su suerte ante el hombre más viejo y sabio del lugar y, como culpaban de ella al cielo, el anciano les dijo:

- "La culpa la tenéis vosotros: os lamentáis de que en vuestra casa falta el pan para vuestros hijos que languidecen delgados y descoloridos, y veo que todos mantenéis docenas de perros gordos y lustrosos".

- "Son los defensores de nuestros hogares" -exclamaron los labradores-.

- "¿Los defensores? ¿De quién os defienden?"

- "Señor, si no fuera por ellos, los perros extraños acabarían con nuestros ganados y hasta con nosotros mismos".

- "¡Ciegos, ciegos! -dijo el anciano-. ¿No comprendéis que los perros os defienden a cada uno de vosotros de los perros de los demás, y que si nadie tuviera perros, no necesitaríais defensores que se comen todo el pan que debiera alimentar a vuestros hijos? Suprimid los sabuesos y la paz y la abundancia volverán a vuestros hogares".

Y, siguiendo el consejo del anciano se deshicieron de sus defensores y, un año más tarde, sus graneros y despensas no bastaban para contener las provisiones y en el rostro de sus hijos sonreía a la salud y la prosperidad.



El tesoro del campesino

Había una vez un campesino, amante de la tierra y de su trabajo.

Ya era anciano. No era rico, pero trabajando duro había logrado comprar una hermosa viña que le proporcionaba lo suficiente para vivir holgadamente con su familia.

Con mucho esfuerzo había criado tres hijos sanos y robustos. Pero precisamente aquí estaba su tormento: los tres muchachos no mostraban, de ningún modo, compartir la pasión del padre por el trabajo del campo.

Un día el campesino sintió que estaba por llegar su última hora. Por lo tanto, llamó a sus muchachos y les dijo: "Hijos, debo revelaros un secreto: en la viña está escondido un tesoro que bastará para que viváis felices y tranquilos cuando yo haya muerto. Buscad este tesoro, y divididlo entre vosotros como buenos hermanos".

Dicho esto, expiró.

Al día siguientes los tres hijos bajaron a la viña con azadones, palas y rastrillos, y empezaron a remover profundamente la tierra. Buscaron por días y días, porque la viña era grande y no se sabía dónde el padre habría escondido el tesoro del que les había hablado.

Al final, se dieron cuenta de haber labrado toda la tierra, sin haber encontrado algún tesoro. Quedaron muy desilusionados.

Sin embargo, después de algún tiempo, comprendieron el significado, de las palabras del padre: de hecho aquel año la viña dio una cantidad enorme de espléndidas uvas, porque había estado bien cuidada y trabajada. Vendieron la uva y obtuvieron muchos rublos de oro, que después dividieron fraternalmente, según la recomendación del padre.

Y desde aquel día comprendieron que el más grande tesoro para la persona es el fruto de su trabajo.

martes, 30 de noviembre de 2010

Un rasgo generoso

     “Un rasgo generoso” no es un cuento, sino el fragmento de una novela titulada “Corazón” y escrita por Edmundo de Amicis, un autor italiano que vivió entre 1846 y 1908.
     La novela está escrita en forma de diario. Enrico, un niño de doce años, narra la historia de una clase de alumnos de un colegio de Turín. Contando su historia personal y la de la gente que vive a su alrededor, Enrico nos acompaña a través de los distintos momentos de un año escolar y nos muestra la vida de su país, Italia.

Cuando entré en la clase, el maestro no había llegado todavía y tres o cuatro chicos atormentaban al pobre Crossi, el pelirrojo que tiene un brazo muerto y cuya madre vende verduras. Lo pinchaban con las reglas, le tiraban a la cara cáscaras de castañas, y lo motejaban de tullido y de monstruo, imitándolo, con su brazo en cabestrillo. Y él, solito al fondo del pupitre, descolorido, los oía, mirando ora a uno ora a otro con ojos suplicantes, para que lo dejasen en paz. Pero los otros se chanceaban cada vez más, y él empezó a temblar y a ponerse rojo de rabia. De pronto Franti, ese malencarado, se subió a un pupitre y, fingiendo llevar dos cestas en los brazos, remedó a la madre de Crossi cuando venía a esperar a su hijo a la puerta, porque ahora está enferma. Muchos se echaron a reír a carcajadas. Entonces Crossi perdió la cabeza y, agarrando un tintero, se lo arrojó a la cara con todas sus fuerzas; pero Franti hizo un quiebro, y el tintero fue a darle en el pecho al maestro, que entraba.
Todos escaparon a su sitio, y callaron atemorizados.
El maestro, pálido, subió a la tarima y, con voz alterada, preguntó:
—  ¿Quién ha sido?
Nadie respondió.
El maestro gritó otra vez, alzando aún más la voz:
—  ¿Quién?
Entonces Garrone, movido por la compasión del pobre Crossi, se levantó de golpe y dijo resueltamente:
— ¡Yo!
El maestro lo miró, miró a los alumnos asombrados; después dijo con voz tranquila:
—No has sido tú.
Y, al cabo de un momento:
—El culpable no será castigado. ¡Que se levante! Crossi se levantó, y dijo llorando:
—  Me pegaban y me insultaban, perdí la cabeza, tiré...
—Siéntate —dijo el maestro—. Que se levanten los que lo han provocado.
Se levantaron cuatro, la cabeza gacha.
—Vosotros —dijo el maestro— habéis insultado a un compañero que no os provocaba, habéis escarnecido a un desgraciado y golpeado a un débil que no se puede defender. Habéis cometido una de las acciones más bajas, más vergonzosas, con las que se puede manchar una criatura humana. ¡Cobardes!
Dicho esto, bajó entre los pupitres, puso una mano bajo la barbilla de Garrone, que estaba con la vista en el suelo, y levantándole la cabeza lo miró a los ojos y le dijo:
— ¡Tienes un alma noble!
Garrone, aprovechando la ocasión, murmuró no sé qué palabras al oído del maestro; y éste, volviéndose hacia los cuatro culpables, dijo bruscamente:
—  Os perdono.


Edmundo de Amicis. Corazón (Alianza Editorial, Madrid, 1984, pp. 16-18)

martes, 16 de noviembre de 2010

ENCUENTRA LAS PALABRAS ESDRÚJULAS EN ESTA CANCIÓN

 Muchacha típicamente esdrújula

Escucha dos veces y con atención esta canción de Juan Manuel Serrat.
Trata de una chica un poco pija de hace cuarenta años. La canción está
llena de palabras esdrújulas. Si pones cuidado,
encontrarás hasta 22
palabras esdrújulas distintas.


 

Para corregir el ejercicio, puedes consultar la siguiente página:
http://www.cancioneros.com/nc/2046/0/muchacha-tipica-joan-manuel-serrat

Al final de la semana que viene publicaremos la solución, ¡suerte!

lunes, 8 de noviembre de 2010

El viejo guardián






¡Qué gusto daba mirar desde lo alto los barcos que resbalaban sobre el mar como en un espejo! El pequeño Yon se sentía feliz en la cima de aquel monte.
Sin padres, había ido a vivir con su abuelo en aquella casita de la montaña, en medio de los campos de arroz, dorados como el oro. Gozaba allí de aire puro y sol y libertad como los pájaros. Podía correr y jugar alegremente. ¡Qué bien se vivía en aquella paz campesina!
El pueblecito estaba allá abajo, a lo largo de la costa, frente al mar incendiado de sol. Yon veía las casas, pequeñitas, blancas, limpias; todo el pueblo como un lindo juguete. Y a los hombres y a los niños los veía como hormigas grandes y hormigas pequeñas.
Entre el monte y el mar solo había una estrecha faja de tierra, donde los hombres construyeron sus casas. Los campos cultivados estaban en aquella planicie de la montaña, húmeda y fértil, donde vivía Yon. El abuelo era el guardián de los extensos arrozales del pueblo.
El niño amaba los grandes campos de arroz. Siempre estaba dispuesto a ayudar en el trabajo de abrir las acequias de riego, y nadie como él ahuyentaba los pájaros en la época de la siega.


Yon se sentía feliz. Su abuelo lo quería mucho. Vivían los dos en la casita menuda y limpia, y estaba seguro de que los otros niños le tendrían envidia. Aquel viejo fuerte y serio era el mejor de todos los hombres.

Un día en que las espigas amarillas brillaban al sol, el viejo guardián miraba a lo lejos, al horizonte del mar. Su mirada era fija y llena de sorpresa.
Una especie de nube grande y negra se elevaba en el confín como si el agua se revolviera contra el cielo. El viejo seguía mirando fijamente. De pronto, se volvió hacia la casa y gritó:
-¡Yon!, ¡Yon!, trae del fuego una rama encendida.
El pequeño Yon no comprendía el deseo de su abuelo, pero obedeció al momento y salió corriendo con una tea en la mano. El viejo había cogido otra y corría hacia el arrozal más próximo.
Yon lo seguía sorprendido. ¿Sería posible? Y al ver horrorizado que tiraba la tea hecha llamas en el campo de arroz, gritó:
-¡Qué haces, abuelo! ¡Qué quieres hacer!
-¡De prisa, de prisa, Yon, prende fuego a los campos!
Yon quedó inmóvil. Pensó que su abuelo había perdido la razón, y todo su cuerpo se llenó de espanto. Pero un niño japonés obedece siempre, y Yon tiró la antorcha llameante entre las espigas.
Primero fue una lumbre débil donde se retorcían los tallos resecados; después se extendió el fuego en llamaradas rojas, y bien pronto fueron los arrozales una inmensa hoguera. La montaña se elevaba hasta el cielo en una columna de humo.

Desde allá abajo, los habitantes del pueblecito vieron sus campos incendiados y, dando gritos de rabia, corrieron desesperados, trepando por los senderos tortuosos del monte; subiendo, subiendo hasta agotar las fuerzas. Nadie quedaba atrás. También las mujeres subían con los niños a la espalda.
Al llegar al llano y ver los extensos arrozales desvastados, la indignación se oyó en un grito de furia:
-¿Quién ha sido? ¿Quién es el incendiario?
El viejo guardián se adelantó a los hombres y dijo con serenidad:
-¡Yo he sido!
Yon sollozaba.
Un grupo los rodeó en actitud amenazadora, gritando:
-¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué?
El viejo se volvió severo y extendió la mano señalando el horizonte.
-Mirad allá –dijo.
Al fondo, donde unas horas antes la gran superficie del mar era plana como un espejo, se levantaba ahora hasta el cielo una espantosa muralla de agua. Una ola oscura y gigantesca avanzaba desde el confín.
Hubo un momento de horror. Ni un grito… Los corazones latían con fuerza.
La muralla de agua avanzó hasta la tierra con un ronco bramido, se volcó sobre la costa deshaciéndolo todo, invadiéndolo todo, y fue a romperse, en un trueno desgarrado y furioso, contra la montaña… Una ola más. Después otra más débil… Luego, el mar se fue retirando con un rugido sordo.

La tierra apareció revuelta y socavada. El pueblecito había desaparecido, deshecho y arrastrado por aquella ola inmensa.
El viejo guardián miró satisfecho a todos los habitantes bien seguros en la cima del monte.
Su presencia de ánimo los había salvado de la invasión del mar.